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MARGARITAS

martes, 15 de julio de 2014

SAHARA




Que las gotas de agua dulce
 de tus lágrimas
Rieguen la piel salada
 del desierto yermo
Que sus arenas,
Finas
cual inertes pavesas
del averno
doradas por un sol sin tregua
que calcina
Florezcan como lirios
 sempiternos
y conviertan en vergeles
sus calveros.


                                        honorio Poveda

viernes, 4 de julio de 2014

PINOCHO

                     
Soy un Olmo y estoy talado, conocí a Pinocho cuando ya tenía una edad avanzada y estaba en una etapa decadente. Había dejado de ser popular y olvidado por todos sus amigos, la carcoma, debido a una grave enfermedad, consumía lentamente su apéndice nasal.
Una tarde de verano, Encina, su esposa, le sorprendió en aptitud francamente sospechosa con acacia, una vecina suya, – por meter tus narices donde no debes – le espetó, a la vez que de un tajo le aserró la nariz.


Desconsolado, vino hacía mi solicitando ayuda, aferrándose con tanta fuerza que me rompió por el tronco para siempre. No se pudo hacer nada para salvarlo.


                                                                            Honorio poveda

DISPARA-TES

Una nube, desairada por el viento al haberla dejado por una tormenta, se dejó seducir por una tornado

                            ............


Un hombre, en Bilbao, se partió la columna al intentar doblar una esquina.
                            ............

Hoy tengo ganas de matar el tiempo, pero me contengo.
                            ............
                              
                            AGUSTÍN
Agustín, haciendo honor a su nombre, siempre había sido un hombre contento, en el trabajo, con los amigos o en casa. Disfrutaba, sobre todo, cuando llamaban por teléfono. Qué a gusto se quedaba ¡¡ - estoy de maravilla - Respondía.  

Hasta que se casó con una mujer que, a la vez, siempre se había llamado Agustina, y murieron ambos en uno de sus excesos de satisfacción.

lunes, 30 de junio de 2014

HORÓSCOPO PARA LOS MESES DE JULIO Y AGOSTO


 Arrímese al sol que más alumbra, busque un lugar donde no esté nublado, no llueva, y el  Mercurio ronde siempre los 25 grados. Pásese por Venus si quiere encontrar algo  de amor y no escuche las propuestas y promesas de personas que no conozca. Ignore las noticias que le llegan a través de cualquier medio, desconecte la televisión indefinidamente, los programas más habituales se componen de: tertulianos irascibles, grandes hermanos recluidos en una habitación con vistas y otras lindezas que le pueden causar daños irreparables en su autoestima, y afectar gravemente a su  salud mental. Sálvese como pueda. Si busca la felicidad puede que la encuentre en Júpiter o Saturno, las existencias ya están casi agotadas por aquí. La suerte está echada y deberá buscarla nuevamente por navidad en el sorteo de la lotería. En esas fechas  todo le será muy dulce. No deje que nadie controle su vida e invierta  el dinero en viajes placenteros antes de que se lo embargue la emoción y sus impuestos. El miércoles  13 de Agosto, por primera vez en su vida, recibirá una llamada telefónica por la que  se le comunica que ud. - “ha sido agraciado” – y se le invita a participar en un evento para dar a conocer  el estreno de un paraguas sin mango, accionado mediante la voz, y donde le regalarán un magnífico jamón serrano chino, el evento se desarrollará en el salón “Luna” de un hotel de cien estrellas.

martes, 17 de junio de 2014

MATAR EL TIEMPO

Me desperté temprano. El reloj marcaba la hora, 8,15, del día, 16.06.2014. Desayuné despacio. Como siempre tostadas con mantequilla y mermelada,  y café con leche. Salí de casa con cuidado de no hacer ruido. Cerré la puerta con llave y bajé las escaleras, desde un tercer piso, saltando los escalones de dos en dos.
No tenía ningún plan. Nadie me esperaba. Yo no esperaba a nadie y no sabía exactamente qué hacer con el tiempo. Reflexioné durante unos minutos.  
De repente, se me ocurrió la idea.  En muchas ocasiones había oído hablar de amigos y conocidos que, en ciertas situaciones, sabían como matar el tiempo.
Si tengo todo el tiempo del mundo para mi, y no se que hacer con él, pues vamos a tratar de matar el tiempo. Me animé a mi mismo.
Por suerte, ese día,  el tiempo era muy bueno. El sol comenzaba a calentar la mañana y solo una nube blanquecina, que dibujaba la figura del rostro de una persona humana, se colgaba caprichosamente  del cielo esbozando una sonrisa  me infundió cierto desánimo.
Conforme iba atravesando la ciudad, mi idea de matar el tiempo se fue dulcificando. Tampoco es necesario que lo mate, con darle un susto y exigirle que me devuelva parte de mi tiempo perdido habría suficiente. Hice un cálculo, a groso modo, del importe que  podría suponer el valor de ese tiempo, y llegué a la  conclusión de que la cuantía total podría ser la friolera de unos treinta años, así que me hice la siguiente  composición - si consigo vencer al tiempo podría regresar a vivir otra juventud - O eso creía yo.
Caminaba pensativo cuando unas bolas de hielo grandes como pelotas de tenis comenzaron a chocar contra  mi cabeza y el suelo donde rebotaban haciendo un ruido ensordecedor. Miré hacia el cielo y pude ver que de la nube blanca se había borrado el esbozo de la sonrisa y se había convertido en una gran nube que asemejaba la figura de un ogro gigante en actitud  amenazante.
Pude encontrar el portal de una casa abierta donde conseguí refugiarme hasta que cesó la granizada.
Como jamás, en toda mi vida, había matado el tiempo, no tenía experiencia y mi impresión, después del primer incidente, fue la de que no era tan fácil como pensaba en un principio.
Ahora caminaba precavidamente, mirando al cielo con recelo. La nube había desaparecido totalmente y no quedaba nada del boceto gigante con  semblante amenazador. No se veían nubes. Sin embargo pude observar como a lo lejos una polvareda formando una creciente columna giraba desafiante sobre si misma, subiendo desde el suelo hasta una altura que no podía determinar, donde se expandía convirtiéndose en una masa oscura que se desplazaba hacia mí a una velocidad vertiginosa.
De pronto, me ví engullido y arrastrado por un remolino enorme que me llevó en su entresijo por los aires durante un buen tiempo, para mi interminable, hasta que quiso dejarme caer  como un fardo a   una larga distancia de donde me encontraba.
No sé cómo pude llegar hasta casa. Exhausto y magullado me dejé caer sobre la cama. El reloj seguía marcando la misma hora,  8 horas, quince minutos del día 16.06.2014. Al menos había conseguido que se parase el tiempo durante unas horas.

Lo volveré a intentar otro día. Seguramente había elegido mal tiempo



                                                                                  Honorio poveda

sábado, 10 de mayo de 2014

LA REBELIÓN DE LOS PEONES



Siempre que no podía dormir acostumbraba a jugar una partida de ajedrez. Aquella noche era muy tarde, tal vez las 2 o las 3 de la madrugada y no había manera de que pudiera  conciliar el sueño.

Salté de la cama. Busqué el tablero en el armario empotrado del dormitorio. Las piezas no estaban en el mismo lugar que yo las había dejado la última vez, dentro de la caja en la que, habitualmente, acostumbraba a colocarlas. Las encontré a todas juntas y revueltas en uno de los cajones situados en la parte alta del armario, escondidas bajo un edredón.

Aquello me pareció sospechoso.

Volví a la cama, abrí el tablero cuadriculado de 8X8, casillas alternadas en blanco y negro. Coloqué debidamente las 16 piezas negras en un lado y las otras 16, blancas, en el lado de enfrente.

Estaba preparado para comenzar la partida.

Yo mismo hice el sorteo - cara, negras, cruz, blancas - tiré una moneda al aire – caras, pedí - otra vez me vuelven a tocar las negras - me salió del alma.

Inspeccioné una por una a mis 16 piezas negras para darles ánimo. Allí estaba el rey, la dama, los dos alfiles, los dos caballos, las dos torres y los ocho peones, todos colocados en su sitio, listos para la batalla. Después de unos segundos preparando mi estrategia y en el mismo momento en que iba a mover el peón, éste, con un movimiento tan ágil y rápido que me recordó un relámpago, saltó varias casillas a la vez y se fue a colocar frente a uno de los peones blancos, pude ver como estuvieron unos instantes conversando hasta que, de otro salto veloz, volvió a colocarse en su casilla de salida. Le siguió inmediatamente su compañero blanco.

Se dirigieron hacia mí. Me miraban a los ojos, desafiantes.

- Te comunicamos nuestro firme propósito de no volver a jugar mientras que no se de una solución a todas las peticiones que te vamos a formular - dijo de forma taxativa. 

Me quedé tan sorprendido que tardé unos minutos en contestar.

- ¿Por qué? - Logré balbucear. 
A continuación pasó a enunciar una larga lista de reclamaciones.

- Los peones negros nos negamos a jugar mientras que no se tomen en serio todas nuestras peticiones.

- Exigimos:

- Una mejora en el trato, que cuando la partida no te vaya siendo favorable, dejes de achacarlo a que “las cosas se están poniendo negras”, con cierto tono burlón.

- Que se nos reconozca la misma categoría laboral que al rey, la dama, los alfiles, los caballos, y las torres.

Esta vez me quedé mudo.  El peón negro continuó. 

- Un seguro de vida que cubra los riesgos a la exposición constante de las acciones peligrosas que debamos realizar.

- Armonizar las obligaciones de los peones con los demás integrante del tablero.

- No estamos dispuestos a trabajar en días festivos ni a hacer horas extraordinarias.

- Que la semana laboral no sobrepase nunca las 10 horas distribuidas de lunes a viernes, como convenga, bien por la mañana o por la tarde y nunca en horario nocturno.

- Que el peón no sea la única unidad dinámica y fundamental de las piezas, y que se nos deje de considerar la pieza más débil y más lenta.


- Que el peón no sea la única pieza que no puede retroceder. Los compañeros blancos nos apoyaban todas las peticiones.

- Apoyamos en todos sus puntos las reivindicaciones de los compañeros negros - dijo el peón blanco -

Todos aplaudieron.

Ya no pude seguir escuchando. Nunca me habían hablado de aquella manera.

Quizás tenían razón y yo era un tipo vil y despreciable. Me sentía aturdido.

Intenté cerrar el tablero y recoger las piezas para guardarlas pero llegué tarde, todos, el rey, las damas, los alfiles, los caballos, las torres y los peones, negros y blancos, se habían subido encima del televisor, el rey blanco me miraba con conmiseración - pobre qué mal lo debe estar pasando - debía pensar.

 Las damas reían armoniosamente mientras bailaban la macarena.

Los alfiles se burlaban de mí sacándome la lengua.

Los caballos jugaban a saltarse las torres - acabarán haciéndose daño - me asusté.

Y los peones gritaban consignas contra mí, imposibles de reproducir.

Enfurecido, tiré el tablero contra el suelo con todas mis fuerzas, salté de la cama y me marché de casa.


Todavía no he vuelto.



                                                                                        Honorio poveda

MI MALA SOMBRA



                                          

Caminaba lentamente, la ciudad, solitaria, parecía dormida y sin ánimos de levantarse. El sol ya estaba en todo lo alto y castigaba severamente con sus rayos. Por su altura, calculaba que serían las once o las doce de la mañana.

No sabía reconocer en donde estaba, y me encontraba solo. De pronto me pareció ver un guardia a lo lejos y me acerqué corriendo – Agente, por favor, dígame, ¿donde estoy?- No me respondió. Como si yo no existiera.

Seguía caminando y más adelante distinguí a un transeúnte que esperaba en un semáforo para cruzar la calle, cuando llegué a su altura había desaparecido como un espejismo.

Ya deberían ser las 13 y comenzaba a impacientarme. Sentía como se me atenazaban los músculos del cuerpo. El corazón me latía con fuerza debido al miedo que empezaba a agarrotar y controlar mi mente. Aceleré los pasos tratando de huir de aquella situación irracional en la que me encontraba cuando advertí que me seguía una sombra. Me paré en seco. La sombra se paró también. Era alargada y mucho más grande y gruesa que yo. No tuve el valor de decirle nada. Intenté despistarla dando pasos rápidos en distintas direcciones pero no me sirvió de nada. La sombra continuaba allí, siguiéndome, a veces crecía desmesuradamente y otras se reducía de manera alarmante o desparecía para despistarme, así durante horas.

Comencé a correr desaforadamente, con todas mi fuerzas, hasta que no pude más, giré la cabeza a todos lados y – ¡ uf, por fin ya no estaba¡. Había dejado de perseguirme.

Fui a sentarme en un banco y al hacerlo pude ver como la sombra también se sentaba al compás conmigo, ahora estaba más pequeña y le perdí el miedo. La insulté con los insultos más soeces y obscenos que pude recordar. La pisé durante un largo rato a pesar de que intentaba esconderse. - ¡La maldita sombra. - Por qué tenía que seguirme ¡-. Me detuve por un momento y observé que no se movía. - Quizás estaba muerta - . Me arrepentí de haberla pisado con saña. Yo no era así. No sabía porque había reaccionado de una manera tan brusca. El sol trataba de ocultarse detrás de un rascacielos en construcción.

Reanudé el camino. Se había hecho casi de noche. La sombra ya no me seguía. Gente paseando alegremente por las calles y hasta el ruido de los coches me sonaba como  un concierto de Vivaldi.

Esa noche, mientras dormía, me despertó un ruido. Encendí la luz, abrí la puerta de mi habitación y salí al pasillo. Allí, de nuevo, estaba la sombra. Aterrado me quedé inmóvil. Se abalanzó sobre mí, me cogió del cuello y apretó fuertemente hasta no dejarme respirar. Notaba como  me faltaba el aire cada vez más y más. 



Cuando pensaba que no resistiría más más me desperté. Te seguiré durante toda la ida, me dijo, y se marchó apagando la luz. 

Era mi sombra, mi sombra quien había intentado estrangularme.


                                                                                Honorio poveda
   



GRANADA



EL CREDITO

La mañana presagiaba un buen día primaveral y animaba a  soñar.
Paseaba con lentitud tratando de absorber con el cuerpo los lacerantes  rayos de sol que, sin remedio, caían perpendicularmente con fuerza a esas horas tan tempraneras sobre mi cabeza, desprovista de cualquier elemento que la pudiera proteger con eficacia.
Bandadas de vencejos volaban en formación girando a grandes velocidades por encima de los tejados. Pronto llegarían las golondrinas.
Al pasar por una oficina del banco de crédito general,  se me ocurrió que podía hacer un viaje de esos que no había podido hacer en toda la vida por falta de tiempo, tiempo que ahora me sobraba.
Reuní fuerzas y con decisión entré a solicitar un crédito.
Atravesé la puerta sin dificultad, no había ningún arco de seguridad en prevención de atracos. Ya  dentro de la oficina observé que no había ningún cliente. A  la izquierda de la entrada salía un pasillo con una flecha pintada en la pared y el rótulo CREDITOS BLANDOS que señalaba hacia el fondo. Seguí el camino que marcaba la flecha y al cabo de unos 10 metros me percaté de que el final del pasillo era una pared blanca que cerraba el paso, y otra flecha pintada señalaba hacia la puerta que daba a la calle, así que deshice los pasos andados hasta llegar de nuevo a la entrada.
Con una rápida mirada de inspección, averigüé que había  seis mesas dispuestas en tres filas de dos, separadas una de otra por escasos centímetros, y una solitaria, mayor que todas, situada al fondo.
En una de las dos mesas de la primera fila había un cartel, donde se podía leer CAJA, y en la otra CRÉDITOS. Del resto de mesas solamente en la solitaria del fondo se advertía un cartel. Unas letras grandes indicaban sin temor a equívoco quien ocupaba aquella mesa, SR. DIRECTOR, parecían gritar. Tras ella se podía adivinar, semioculto, otro pasillo con una flecha pintada, aunque no fui capaz de averiguar qué anunciaba la flecha.
Me acerqué hasta la mesa en la que había el cartel de CRÉDITOS y en letras pequeñas Sr. Valentín.
- Buenos días – saludé.
- ¿Dígame, qué desea? – contestó con voz seca y autoritaria un chico joven, con un corte de pelo erizado con gomina y traje muy parecido a su nombre Valentino.
- Yo venia a solicitar un crédito.
- ¿Qué cantidad necesita?
- Poco, con diez mil euros me arreglo, es para hacer un viaje, un viaje soñado que no he podido realizar nunca por falta de tiempo
- Ahórrese comentarios y deje de soñar, tiene que rellenar un formulario
- Déme uno, por favor.
- Vaya a la mesa de al lado, donde pone CAJA, pida un impreso para solicitar un crédito y una vez rellenado vuelva otra vez aquí.
Sin apenas moverme ya estoy en la mesa de CAJA. La chica, con traje de valentina joven, seguramente había oído toda la conversación, sin embargo me obligó a empezar de nuevo. Parecía más simpática. Debía ser becaria o sin bautizar pues no tenía nombre.
- Buenos días, señorita.
Silencio, me responde un silencio.
- ¿Me da un formulario para solicitar un crédito?
- por favor, recalqué con fuerza.
Levantó la mirada del teclado y me miró con sus ojos azules. Eso me dio muchos ánimos
- ¿Que cantidad necesita?
- Por fin me ha visto, exclamé sin poder evitarlo.
- Necesito unos diez mil euros.
Silencio, de nuevo
- Es para hacer un viaje, un viaje soñado que no puede realizar nunca por falta de tiempo. Ahora me sobra tiempo. – y le dediqué una sonrisa
Abrió uno de los cajones de la mesa y saco un papel.
- Tome este impreso, son 49,50, lo rellena y vuelve a la mesa de créditos
- ¿49,50 por un impreso? Pues dedúzcamelo del crédito.
- 49,50, y en metálico. Y no me haga perder el tiempo a mí, que no me sobra.
- No llevo dinero encima
- Bien, lo podemos arreglar si lleva alguna tarjeta de crédito.
- Si, la llevo pero es de otro banco
- No importa, vaya a la última mesa, la que está sola, es la mesa del director.
- Sorteé hábilmente, haciendo quiebros con la cintura, la primera y segunda fila de mesas hasta llegar a la del director
- Buenos días. Vengo de créditos me han dicho que debía pasar por aquí.
- Ya le he visto. Déjeme su tarjeta. Cuanto dinero necesita. Dígame el importe. Todo lo dijo sin respirar. En algún momento tuve la impresión de que se ahogaba.
- 50 euros - dije
- Le tendré que cobrar la comisión
- ¿Que comisión?
No me contestó
Pasó la tarjeta por un terminal abrió un cajón de su mesa y me dio los 50 euros y el ticket de la operación
- Joder si me ha cobrado 100 euros – Exclamé sorprendido al comprobar el ticket.
- Es la comisión mínima que podemos cobrar, y si ud. En vez de necesitar  50 euros me hubiera solicitado 51, la comisión habría subido a 90 euros. Así que esta ud. De suerte, se acaba de ahorrar 40.
 - La madre que los parió. – Creo que oyó mi comentario pero estaba ocupado contando billetes de 50 euros. Seguro que no había sido yo el primero.
De nuevo en la mesa de CAJA
- ¿Le ha atendido bien el director?
- Pues casi me ahogo del susto pero ya ha pasado.
- ¿Tiene los 50 euros?
- ¿No eran 49,50?
- Si, pero los 50 céntimos son para el colegio de huérfanos del gremio.
- La madre de Dios, déjeme el impreso.
Tiré el billete de 50 euros con fuerza para que cayera al suelo y tuviera que agacharse y me moví, arrastrando los pies por el suelo hasta quedar frente al valentino. Rellené el impreso y se lo dejé caer en la mesa. Lo cogió sin mirarme y se puso unas gafas negras que parecían de sol.
- Pero hombre si es usted jubilado, habérmelo dicho antes. Le hubiera salido más barato.
- Más barato, Grité.
- Pues claro, se hubiera ahorrado los 50 céntimos.
- Señor, ud. vive de alquiler, no tiene ninguna propiedad y su pensión es muy baja, cómo tiene la desfachatez de solicitar un crédito. Me pone las cosas muy difíciles.
- Vuelva a la mesa del director.
Ya estaba recelado y comenzaba a sentirme cansado. Salí directo hacia la mesa del director
- Pero hombre de Dios - exclamó -  cómo no me lo ha dicho.
- Mire - me dijo señalando el pasillo que había a la entrada con el rótulo de, CRÉDITOS BLANDOS.- Vaya por aquel pasillo y siga las indicaciones de la flecha.
 - Ya estuve por ese pasillo al entrar y lleva a la calle directamente - contesté con la cara desencajada.
- Ah, perdone, perdone, aquel es para los CRÉDITOS BLANDOS y  es ud. Jubilado. -- Le corresponde el de los CRÉDITOS DUROS SOLO PARA JUBILADOS.
El director miró hacia atrás, donde estaba el pasillo del fondo que yo había observado al entrar y que mi vista no alcanzó a leer el rótulo.
- Es ese, el pasillo del fondo, el que debe seguir. Haga caso a la flecha hasta el final. No se preocupe si no quiere volver.
Es lo que quería, no tener que volver. Caminaba raudo hacia el pasillo cuando la curiosidad me hizo volver la cabeza al escuchar el sonido de unos aplausos.
Allí, junto a la mesa del director, estaban todos aplaudiendo. En primera instancia pensé volver y devolverles los aplausos en sus caras pero, vestido como iba, con pantalones y zapatos de pitillo, y con las carreras que me habían obligado a dar, mis fuerzas se habían desvanecido y no estaba seguro de salir airoso.
El final del pasillo me llevó a una plaza donde había varios autocares, con unos carteles en el parabrisas que ponía VIAJES INSERSO - DE BARCELONA A  FINIS TERRAE -, esperando a sus pasajeros.

- Ya no quiero los diez mil euros. La aventura me ha costado cien euros y he terminado agotado, pero estoy contento. Podría haberme salido más caro, si continúo en el banco acabo gastando los diez mil euros del crédito.

                                                                                     Honorio poveda

















miércoles, 7 de mayo de 2014

SENTIMIENTOS ROTOS



FE era una muchacha plena de buenos sentimientos. Derramaba emociones con alegría y rezumaba vitalidad a raudales que contagiaba a los demás.
Fue una mañana de agosto en la playa. No recuerda cómo ni quien se los robó pero estaba segura de que fue la mañana aquella del último verano cuando perdió todos sus sentimientos.
Se los hurtó un chico violento. ludópata empedernido que estuvo jugando con ellos y los compartió con otras personas. Los manipularon y los malgastaron hasta terminar con sus mejores sentimientos.
Jamás podría disfrutar y compartir de sus sentimientos y emociones de, afecto, alegría, amistad, confianza, compasión, gratitud, admiración, amor,  arrepentimiento, concordia, esperanza,  felicidad, paz interior  y satisfacción.
FE no paró en ningún momento de buscarlos y, cuando un día, por fin,  los encontró de casualidad, ya solo quedaban de sus sentimientos las peores emociones, el aburrimiento, la angustia, la antipatía, la desconfianza, el dolor, la indiferencia, la insatisfacción,  la melancolía, la nostalgia, la pena, la resignación, la tristeza, la vergüenza, la aflicción, la amargura, la ansiedad,  la cólera, el desánimo, la desesperación, la ira, y  el miedo.
Decepcionada, llevada por la aflicción y la amargura en un ataque de ira producido por el dolor de tan triste pérdida, desató con ansiedad toda su cólera contra si misma hasta caer abatida por la desesperación y el miedo.   

FE ya nunca fue la misma, sumida en el aburrimiento, la melancolía y la pena, sufrió con resignación y angustia, la indiferencia, la antipatía y la desconfianza. Al fin, esclava de la  nostalgia y devorada por la insatisfacción, hipotecó su futuro a cambio de algunas horas de afecto y alegría, hasta que la vergüenza consumió todas sus emociones y acabó ahogándose con su propio su nombre. 


                                                                                 Honorio poveda

viernes, 28 de febrero de 2014

BUITRES

Érase un buitre que me picoteaba los pies. Ya había desgarrado los zapatos y las medias y ahora me picoteaba los pies. Siempre tiraba un picotazo, volaba en círculos inquietos alrededor y luego proseguía la obra.
Pasó un señor, nos miró un rato y me preguntó por qué toleraba yo al buitre.

-Estoy indefenso -le dije- vino y empezó a picotearme, yo lo quise espantar y hasta pensé torcerle el pescuezo, pero estos animales son muy fuertes y quería saltarme a la cara. Preferí sacrificar los pies: ahora están casi hechos pedazos.

-No se deje atormentar -dijo el señor-, un tiro y el buitre se acabó.
-¿Le parece? -pregunté- ¿quiere encargarse del asunto?
-Encantado -dijo el señor- ; no tengo más que ir a casa a buscar el fusil, ¿Puede usted esperar media hora más?

- No sé -le respondí, y por un instante me quedé rígido de dolor; después añadí -: por favor, pruebe de todos modos.

-Bueno- dijo el señor- , voy a apurarme.

El buitre había escuchado tranquilamente nuestro diálogo y había dejado errar la mirada entre el señor y yo. Ahora vi que había comprendido todo: voló un poco, retrocedió para lograr el ímpetu necesario y como un atleta que arroja la jabalina encajó el pico en mi boca, profundamente. Al caer de espaldas sentí como una liberación; que en mi sangre, que colmaba todas las profundidades y que inundaba todas las riberas, el buitre irreparablemente se ahogaba.

Franz Kafka.

lunes, 25 de noviembre de 2013

ELLO, YO y SUPERYO. 1ª: PARTE


                                              1ª parte


Me desperté alarmado, estaba teniendo un sueño tan agradable que no podía ser verdad, y eso me asustaba. Sudaba. Salté de la cama. Corriendo me dirigí hacia el cuarto de baño, en el pasillo, a oscuras, antes de llegar, tropecé con algo.

Atropelladamente encendí la luz del baño. ¿Me habría seguido hasta allí el “algo”?.

No, no era “algo”, era alguien. Estaba justo allí, frente a mí, reflejado o incrustado en el espejo. No podía volver la vista atrás. El temor y la sorpresa me paralizaban de los pies a la cabeza. Solo mis ojos continuaban atentos y expectantes ante la figura que se revelaba en el espejo.

Me observaba con detenimiento, de abajo a arriba.

- Bien, - balbuceó por fin - físicamente no estás tan mal como pensaba,  me alegro porque mi trabajo está relacionado contigo y dependo de ti a todos los efectos, sobretodo en estos momentos de tantas crisis e incertidumbres – espetó, dejando escapar una sonrisa burlona mientras que pronunciaba con parsimonia la frase.

Aquella sonrisa me dejó una sensación cómo si me pincharan con una guja de hacer ganchillo en salva sea la parte.

 Apenas supe balbucear. El susto atenazaba todos los músculos de mi cuerpo.

- ¿Y tu qué sabes de mí?.

- Lo sé todo de ti. Últimamente te he estado analizando con más detenimiento y comenzabas a preocuparme. Me quedo más tranquilo.

-  ¿Pues yo me quedo más intranquilo. Quien eres?.

- Trataré de explicarlo bien para que lo entiendas. Soy el SUBCONSCIENTE. Junto con el CONSCIENTE y el INCONSCIENTE formamos un ente.

- Ya, ya, así que sois la Mente. Lo Lamento. Jajajajaja. - No pude dejar escapar una sonora carcajada.

- No te hagas el listo. Es algo así como una trinidad, padre, hijo y espíritu, o la trimurti,  creador,  conservador y destructor,  por si lo entiendes mejor,

- Me recuerdas a Sigmund Freud y su psicoanálisis, venga ya, déjate de cuentos y desaparece. - Había perdido ya parte de mi miedo

-  Está también el PRECONSCIENTE pero no lo tenemos en cuenta.

-  ¿y  donde has estado todo este tiempo?.

-  Contigo. Siempre estuve contigo.

- ¿Pues yo a ti te veo mal?.

-  Si, últimamente tengo muchas dudas esenciales, ¿quien soy yo?, y,  ¿por qué estoy aquí?.

-  ¿No encuentras la respuesta?. - Definitivamente ya había perdido todo mi miedo

- No. Lo achaco al haber hecho un gran esfuerzo mental. He estado estudiando la justificación,  de separar de la neurastenia un determinado síndrome en calidad de neurosis de angustia,  y noto un cansancio inexplicable.

-  ¿Y por qué no sales de vez en cuando?.

 - Lo he intentado. Alguna vez quise hacerme visible pero nunca pude conseguirlo, en el último instante siempre aparecía el CONSCIENTE con su neurosis obsesiva por la prohibición y me lo impedía, el es más fuerte, utiliza la fuerza bruta para conseguir sus fines. Me he acostumbrado a vivir en la sombra. Mi trabajo se desarrolla básicamente durante las horas en que tu duermes.

-  Por fin lo he conseguido, utilizando la destreza y la táctica.

- Cada noche, limpio y saco brillo a tus neuronas, cuido y pongo en orden  tus pensamientos, reviso tu psiquis, incluso la parte que le correspondería al CONSCIENTE. Si analizo y  encuentro ideas absurdas y pensamientos obsesivos almacenados en tu mente, intervengo y pongo unos gramos de cordura.

- Para eso están los psicólogos y psiquiatras.

- No hagas caso a los psiquiatras y psicólogos, ellos pese a pasar estudiando toda su vida terminan ahogados en un mar de confusión.

- Pero, ¿Qué es ese ruidillo?.

- ¿Qué ruidillo?.

- Oye, tengo que dejarte. Ese silbido tenue y continuo me alerta de que el CONSCIENTE se está acercando. Sabes ?.  El y yo no nos llevamos  bien.

- Ey ey ey ey ey ey ey ey. SUBCONSCIENTE, espera, espera ¡. ¿Te volveré a ver?. ¿Cómo puedo ver  al CONSCIENTE y al INCONSCIENTE?. Me gustaría hablar con ellos.

                                       >>>>>>>>>>>>>>>>>>>>

Unos segundos despues.          

Al ver que nadie me contestaba, ya me había dado la vuelta y estaba a punto de salir del cuarto de baño, cuando….


-  Pssssssss,


-  Al escuchar aquel bisbiseo a  mis espaldas, me giré lo más rápido que pude hacerlo, sobre mi mismo. Esta vez pude ver una cara reflejada en el espejo que me recordaba a alguien. Aquella mirada lánguida y escrutadora de unos ojos cansados, bien enmarcados por un contorno de color violáceo, me resultaba familiar. Un misterioso rictus dibujado en la boca que, del mismo modo, podría dar a entender si anunciaba una respuesta o entrañaba una pregunta. El cabello marchito, de color blanquecino cayendo desordenado sobre la frente. -  podría jurar que se parecía a mí -.


- ¿Con quien hablabas?, he escuchado un zumbido y me ha parecido ver  una sombra salir corriendo.


- Ya tenía ganas de conocerte. Tu no me engañas. Por la forma de presentarte apresuradamente, tu confianza y, a la vez, tu falta de seguridad, con ese gesto circunspecto y reflexivo, tu aspecto físico, … tu eres…el CONSCIENTE.


-  Exacto, soy tu consciencia.  ¿Cómo lo has adivinado?


- Tu cara me suena y me ha puesto sobre aviso el SUBCONSCIENTE. Por cierto que no te tiene en gran estima, aduce que olvidas con frecuencia parte de tus obligaciones.


-  Te recomiendo que no sigas sus consejos.  ¿Qué te contaba? Cuenta, cuenta, que estoy desinformado.


- Pues, me dijo que era el SUBCONSCIENTE, que aprovechaba esos momentos perdidos en que tú desaparecías, para reparar algún defectillo que  detectaba en mi comportamiento, que eras un neurótico, obsesivo con las prohibiciones, y que 
abusabas de tu fuerza y eres un prepotente.


- Ese idiota. Siempre está al acecho. Estaba meditando. Trato de forzar  una reunión con el PRECONSCIENTE con el objeto de crear un puente con hilos para comunicarnos entre nosotros y, de esa manera, poder configurar un frente común ante el INCONSCIENTE y el SUBCONSCIENTE, que van unidos y a su aire. El propósito y la finalidad es conseguir que disminuya la seducción y el poder de convicción que tienen sobre ti ambos, y que va “in crescendo” últimamente. Por lo tanto te compete. No obstante, hasta la fecha, no he conseguido encontrarlo. Está por  “ahí afuera”, siempre que lo busco, está por “ahí afuera”.


- Dudaba en decírtelo. La verdad es que me encuentro más cómodo con los métodos del SUBCONSCIENTE. Es  una fuente para mi instinto. Es espontáneo. ¿Cómo te diría?.  Es como un piloto automático que se enciende siempre que estoy dormido. Hay ocasiones, cuando despierto, en que me quedan los  recuerdos tan nítidos,  que incluso llego a creerme que los sueños habian sido reales.


- Si, el se encuentra en el límite máximo de la consciencia.  De alguna manera te controla, incluso guarda cierta influencia sobre el INCONSCIENTE. Tiene poderes ocultos y es muy listo, aunque  imprudente. Yo te impregno y te infundo la función más racional del ser desde un punto de vista lógico y analítico,  y trato de inculcarte la obligación a cumplir las normas y formas elementales, tales como, la de tomar decisiones adecuadas en cada ocasión y ejecutar los actos acordes a tu consciencia, o sea, con mi conocimiento. Me ocupo, fundamentalmente, de que te comportes como una persona responsable y de que no cometas locuras, mientras que él se divierte haciendo lo contrario, y desprestigiándome siempre que tiene la oportunidad.


-  ¿Y crees que no lo estás consiguiendo?, ¿Por eso te llevas  te llevas tan mal con él?


- En primer lugar por eso y porque siempre está encerrado en si mismo, y tiene una tendencia monomaníaca sobre la consciencia y la percepción interna que no concuerda con la mía.


-  ¿Y yo que puedo hacer?


- No sé. Tú me dirás lo que quieres hacer. La decisión es solo tuya. Las tesituras en las que te encuentras son estas: hacerme caso y seguir mis consejos. Reflexionar intensamente antes de tomar cualquier decisión. Elegir con cautela tus actividades, razonar tus actos y comportarte, en todo momento, de manera responsable, o por el contrario, seguir las indicaciones del SUBCONSCIENTE. En este caso no me responsabilizo de tus actos.


-  ¿Tienes algo más que contarme?


-  Mi cosnciencia está tranquila. Lo Meditaré.


-  Si por casualidad, te encuentras con el PRECONSCIENTE, ¿puedes decirle que quiero verle?


-  Lo haré


- Gracias.


-  ¿Oye, no te habrás confundido y eres el CONSCIENTE de otra persona?


-  Ja, ja, ja. Cuando yo me haya ido, mírate en el espejo. Juraría que te pareces mucho a mí ¿O, ya lo habías contrastado?


                        



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Pasó un tiempo que no sabría precisar, ya que mis pensamientos seguían ocupados con el recuerdo de la acaecida presencia del CONSCIENTE analizando sus recientes y últimas palabras de advertencia.


En esos momentos mi consciencia dudaba. Dudaba del CONSCIENTE pero también dudaba de mis pensamientos. Sabía que no podría engañarlo aún tratando de envolverlo con mil argucias de pillo, pues era más pillo que yo. Así que no me quedaba otra opción que la de cumplir sus normas con esmero y la de atender a sus razones con disposición.


Ahora me sentía preso del consciente y de mí mismo.


Y en eso estaba. Absorto. Mirando fijamente el espejo y reflexionando.


Algo comenzó a moverse dentro del cristal. Diminutas luces de colores girando en círculos iban formando pequeños arcos iris, hasta crearse una figura que dibujaba una silueta deslumbrante que hacia adivinar la faz de un niño.


El sonido de una voz suave comenzó a tintinear cadenciosamente, como de un sonajero agitado por la delicada mano de un niño. Parecía intimidado.

- Mira yo no vengo a molestarte ni a darte consejos. Solo soy un concepto.  Como estás viendo no tengo un cuerpo y me sostiene un aura.  

De vez en cuando hacía sonar un chasquido emitiendo un sonido seco. Señal de impaciencia. Significaba que deseaba acabar pronto la conversación y desaparecer.

- Estoy en medio del CONSCIENTE y la hondonada de un precipicio por donde me quiere tirar. El  quiere convertirme en una marioneta suya y por ese motivo me busca, y no lo voy a consentir. Hay momentos, en que la tensión es tan grande que he de ocultarme y desaparecer de la psiquis. Por esa razón he adoptado este traje de camuflaje. Si por un descuido mío lograra encontrarme,  si consiguiese franquear la estricta barrera de  mi sistema de defensa, solo podría ocurrir a través de la transformación y disfraz del material subyacente, que se encuentra entre la frontera existente de su sistema y el mío, en ese momento podría adueñarse de mí traspasándome todos los contenidos de las censuras y razonamientos que guarda. Esa es la razón por la que huyo constantemente.

- Por el momento solo soy un observador y no estoy dispuesto a que me utilice para sus planes. No tengo interés alguno en conocer al SUBCONSCIENTE ni al INCONSCIENTE, que parecen ser enemigos declarados suyos. Yo soy el principio y ellos son el final. Mi propósito es salir de este lugar de tránsito, de este laberinto en el que me encuentro, y volar y volar como tu imaginación.

Seguramente apercibió la mueca que se dibujaba en mis labios dispuestos  para responder.
Dejé que continuase con su monologo. 

- No, no, no me contestes ni me preguntes nada. Ya habrás adivinado que soy el PRECONSCIENTE, supongo.

- También podría quedarme e interpretar tus sueños  y aportarte ideas y deseos sin que sufras alguna transformación, a cambio de tu silencio, y si no te parece mal,  de cierta complicidad. Ya sabes, en asuntos en los que las normas de la vida sean simples y de mutua complacencia.

- Hey, ni tu me has visto a mí ni yo te he visto a ti.  Ahora busco tranquilidad, necesito abstraerme. Estoy leyendo “La herencia y la etiología de las neurosis”, y necesito concentración para comprenderlo e interpretarlo.

- Me estoy preparando para funciones más desarrolladas y estimulantes. Es mi deseo dedicarme por entero al estudio de la psicología como ciencia. Es tan excitante poder abrir y entrar en las mentes, conocer y aprender otras vivencias, el origen de los recuerdos y motivos de los olvidos, los sentimientos y la revelación de los sentimientos.

- Ahora cierra los ojos. Haré un chasquido con mis dedos y desapareceré. Si alguna vez quieres o necesitas hablar conmigo, por cualquier motivo, solo tienes que chasquear los dedos así,  como lo hago yo.

- Y recuerda que no me has visto.

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